UNA NUEVA VIDA // comer una fruta virtual o tomarla del árbol
Alejandro / /
Si tuviera que referirme al año 2025, lo nombraría como un período retador y de grandes materializaciones. Durante este año hemos vivido momentos que llevaba años soñando y deseando. Supongo que podrás imaginar que la forma que yo había anticipado no se ajustaba a aquello que pude experimentar finalmente. Este encuentro entre la idea y el objeto y todo lo que puede llegar a suceder en ese preciso momento, ha sido quizá más importante que lo logrado en sí mismo.
En 2026 se cumplirán 10 años en mi trabajo como terapeuta y casualidad o no, me hago una serie de planteamientos relacionados con la coherencia en el proyecto que vengo construyendo con mucho cariño y no poco esfuerzo.
La pregunta que resuena en mi interior es clara ¿el fin justifica los medios? o ¿tiene sentido ser usuario de algo que en un sólo día propicia el trastorno de más personas de las que yo podría acompañar en un año?
La respuesta es sencilla pero la forma de proceder no tanto.
Aunque trato de moverme con cautela en este terreno, mis pasos van guiados por la idea clásica del creador. Me refiero literalmente a «aquel» que ha creado y desarrollado algo y en este caso, a lo que trata de dar vida y carácter es ese espacio antiguamente “inerte” entre dos realidades.
Pretendo señalar algo que absolutamente todos conocemos y de forma fascinante pretendemos obviar; que las redes sociales o dicho de otro modo, nuestros canales de comunicación contemporáneos nos están destruyendo espiritualmente. Para cualquiera que conozca mi trabajo entenderá de inmediato que esto tiene repercusiones directas tanto en el cuerpo, como en nuestra energía vital.
Cuando planteo esta cuestión en público, la respuesta inmediata; independientemente de la edad del usuario, suele ser algo parecido a: _“en caso de abandono o rechazo de dichos medios, estaríamos fuera del sistema o red social, económica, etc. “_
No dejo de sorprenderme al ver cómo una persona adulta ha llegado al punto de olvidar de forma tan precipitada el significado y la consistencia del afuera.
Mi sorpresa es tal porque no tengo que esforzarme demasiado para remontarme a un pasado inmediato para ver cada una de las decisiones que muchos han tomado para mantenerse alejados de un sistema antinatural y de sus diferentes canales de estandarización neuronal.
La pregunta ¿ qué ocurre en nuestro interior? asedia la raíz del problema. Sin embargo, estábamos hablando de continuidad y no de origen.
Entonces, porqué cambiar ahora? Cuál es la diferencia con respecto al pasado?

Inmediatamente me vienen a la cabeza varias voces amigas que dicen: “la sociedad está cambiando”. verdaderamente estoy totalmente de acuerdo con respecto a ello pero, ¿por qué razón debería de comprar hoy algo que ya rechacé en el pasado? Y más, cuando se trata de un PRODUCTO cuya calidad no ha hecho más que devaluarse en favor de las ganancias de X y el detrimento del usuario?
C.G. Jung decía en un estudio dedicado al SXX, “… no se puede ir en contra del espíritu de una época…” También estoy de acuerdo porque no se trata de ir en contra de nada, sino de tener en cuenta que una cosa es el espíritu de una época y la otra, la forma en la que esta se ha materializado.
Para todas aquellas personas que justifican la reafirmación de esta afiliación tan denigrante con el axioma “somos un ser social”, diré que también estoy de acuerdo, pero nuestra sociedad está enferma igual que una parte importante de los seres que la componen. Y la verdad, no le veo sentido debatir acerca de lo que sucedió primero. Pero de lo que sí estoy seguro es que, no tiene sentido alguno identificarse con algo patológico, a no ser que sea nuestro deseo oculto corrompernos de igual forma.
Si somos profundamente honestos, sabemos que podríamos ser seres integrales y haber tenido una relación saludable con nuestro alrededor. Todo ello sin haber perdido la oportunidad de desarrollar nuestras capacidades individuales con las aportaciones propias de nuestra época. En otras palabras, la evolución no lleva implícita la destrucción de la naturaleza.
Por esta razón, prefiero afirmar que no quiero una vida nueva. La que yo deseo es simplemente la mía; la que se compone por todas y cada una de las decisiones que tomaron mis antepasados. Todo lo que mujeres y hombres de mi clan, consolidaron y forma parte de mi linaje. Y quizá es aquí donde está el truco de sombrero. La gente buscaba algo distinto para alejarse de los lastres y pesares de su pasado, pero se encontró con la inteligencia artificial.
Reflexionando sobre esto, me viene a la cabeza una frase de E. Carutti que decía algo así : El ser humano vive bajo el cielo y no importa cuánto trate de evitar su destino. Posponer el aprendizaje, tan sólo va a provocar que este llame a su puerta de la forma más brusca posible.
Puede que el mundo esté cambiando; yo lo dudo con todo lo que ello supone, porque como terapeuta y como persona, veo que la forma de evolución que me acerca al corazón de la humanidad y no al procesador de una máquina sigue estando ahí, en el lugar que siempre estuvo.
Es decir, esa vida anhelada existe y sencillamente nos está esperando, quizá no cómodamente pero sí, de forma majestuosa. Porque, aunque duela admitirlo, esa vida que ha quedado atrás es la única que es REAL y no sólo está hecha a tu medida. Además, es la solución a todos los problemas.
Para quienes no conocen nuestro trabajo, hace ya unos años que CARDINAL ha dejado de centrarse únicamente en la acupuntura para profundizar en otro tipo de tejidos relacionados con una práctica que nos aproxima a espacios comunes; tejidos emocionales, territoriales, anímicos… al fin, humanos.
Nuestra apuesta de ahora en adelante es tan clara como el agua de los ríos en los que me gustaría seguir bañándome; queremos cultivar el crecimiento de nuestro espíritu. Si lo abandonamos a merced de las tendencias sociales contemporáneas, perderemos la libertad. Porque el alma ( espíritu ) es aquello que guarda nuestra identidad, nuestros deseos, nuestras potencialidades; dicho de una forma mas sencilla, lo que nos diferencia de un tomate de supermercado. Si olvidamos que existe un afuera, nuestra única opción será una vida conceptual para seguir maquillando el desastre con eufemismos y realidad virtual.
Mi idea no es exponer una reflexión que probablemente otros hayan plasmado antes y seguramente con mayor claridad, sino anunciar que estoy tratando de encontrar vías alternativas de mantener la comunicación con todas las personas interesadas en el proyecto CARDINAL y las razones por las que hemos tomado esta decisión.
Y a pesar de que las opciones que conozcemos no distan mucho de las que por el momento tratamos de abandonar; queremos poner en valor el afuera, para que el tiempo opere a nuestro favor mediante la creación de espacios de cohesión tangibles, sensibles y no virtuales.
Y si bien esto no tiene que ver directamente con la forma de comunicarnos o de llegar a la información, existe un problema complejo de percibir y nombrar. Se trata de que «el medio» está vulnerando las leyes naturales de su condición y transformándose en una entidad con un “espíritu propio”, con todo lo que ello conlleva.

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Mucho amor,
Alejandro.