Cardinal Acupuntura

LA VIRGEN y EL PEZ // Un tributo a la memoria

Imagino que un debate a cerca de la importancia de la memoria no tiene mayor relevancia a día de hoy. Sin embargo, la posibilidad de reflexionar a cerca de cómo esta se va transformando nos lleva a tocar ciertos puntos de mayor interés.

Desde la perspectiva hermética, la realidad se constituye en base a tres centros fundamentales. El ser humano como parte de ella se desarrolla bajo esta estructura de trinidad ( cielo, hombre, tierra // alma, espíritu, cuerpo ) la cual se despliega sobre sí misma infinitamente. Podemos hacer lo mismo con prácticamente cualquier cosa relacionada con la vida así que; por qué no probar con la memoria? Según distintas creencias, existe una realidad ancestral o astral que constituye un plano o nivel de conciencia en el cual, a mi entender, se alojan tres fundamentos de la memoria. En primer lugar nombraré el plano superior conocido en nuestra cultura como alma. Este alberga la memoria transgeneracional que, para los creyentes, trasciende de una vida a la otra fijando cada detalle de todas ellas. En segundo lugar tenemos algo más familiar para la mayoría; algo llamado psiquismo. Por medio de ello retenemos la información relacionada única y exclusivamente con nuestras experiencias, conscientes o inconscientes. Resta una tercera subdivisión cuya consistencia desconozco totalmente y tan sólo puedo intuir mediante una forma de gnosticismo en las bases de toda la naturaleza.

En un segundo plano denominado etérico nos encontramos con una realidad universal. Es decir, es común a todos los seres vivos independientemente que sean del reino animal vegetal o mineral. Este plano es comúnmente conocido como, Prana, Qi , Espíritu o Energía Vital.  El tipo de memoria de este plano no trasciende y se renueva constantemente. Sin embargo, sí que guarda una memoria relacionada con el plano material o el cuerpo que circunda y es en gran medida lo que se emplea para el diagnóstico y con ciertas disciplinas de tratamiento de las personas. 

Por último, en el plano más concreto y material nos encontramos con la memoria del cuerpo. Una serie de huellas que modelan la materia con la cual navegamos por la vida. Se trata de un entorno sencillo de energía mas densa conocido por todo el mundo y alrededor del cual no hay mucha discusió pues es aquello que vemos cada día delante del espejo.

Estos planos no son independientes sino que interaccionan entre sí generando las huellas en todos ellos. Cada plano obedece a una realidad o nivel de consciencia y tiene sus propias particularidades. Sin embargo, no es momento ahora de ahondar en ello.

En cualquier caso la memoria habla de nuestra historia y poder acceder a ella nos permite crecer y sobrevivir como individuos íntegros autónomos y libres. Independientemente de las creencias de cada cual, la memoria es un registro a partir del cual una se construye una identidad, tanto psíquica como física. Cada una de las culturas que conforman el mundo, cada una de las personas que existen en la tierra son, gracias a los aspectos y detalles de su memoria. Algunas dicen que esto es el ADN, sin embargo para mi resulta una visión puramente materialista que obvia dos de los centros de todo ser vivo.

Desde una edad temprana me recuerdo capacitado para memorizar detalles de forma precisa. Recordar ha sido siempre algo sobresaliente en mi personalidad. Desde los primeros años en la universidad recuerdo cierta facilidad para estructurar el pensamiento y la dialéctica, exponiendo con claridad conceptos que se hilaban a la perfección en charlas sin fin aparente. Hablar en público nunca ha sido realmente un problema al que enfrentarse, sino más bien algo con lo que gozar y de lo cual aprovecharme. Por otro lado, mi trabajo siempre ha estado marcado por pensadores capaces de estructurar su herramienta de trabajo de forma ordenada y clara. Lo suficiente como para crear parábolas tan fascinantes como un telefilme que te va llevando a una parte que desconoces y que al final; te golpean sorprendentemente conectándote con el principio, como si de un truco de sombrero se tratase. 

Mercurio o Hermes, es considerado en la tradición greco-romana como el mensajero. Las capacidades de los nacidos bajo el signo de Mercurio toman las cualidades de este curioso planeta. Las potencias del mismo vienen determinadas por el movimiento que este realiza en relación al astro Rey. Sus tránsitos y velocidad determinan un juego de idas y venidas con el sol y es por ello que se le conoce como uno de los planetas que retrograda constantemente. Esto es debido a que, teniendo un movimiento similar, la velocidad de mercurio es variable con respecto a la del sol y esto provoca que el primero pulule alrededor del segundo constantemente. Estas idas y venidas se han traducido como el carácter inquieto de los nacidos bajo el signo de Mercurio y también con su capacidad de trasmisión verbal. Como si un niño corriese constantemente alrededor del padre tomando su energía y transmitiéndola más allá; nunca del todo igual, tan sólo de manera semejante. 

La vibración mercurial es una energía que nos permite conceptualizar. Sobre todo, si este planeta se manifiesta bajo la energía de la constelación de Virgo. Esto no es otra cosa que un ejercicio de transformar el éter en algo concreto, tomar la pureza de la energía solar y condensarla para que se comporte como algo más sencillo asimilar. A fin de cuentas, aterrizar una idea.

Desde hace un par de años tengo la oportunidad de aprender de una mujer de 87 años que desde hace un tiempo más allá, va perdiendo acceso a parte de su memoria.

La vida de esta mujer está fundamentada en un principio astrológico que conocemos como piscis. El último signo de la rueda celeste habla del desarraigo y la transmutación del alma. De la unión con todo aquello que está vivo y del amor universal. De la capacidad de dar y disolverse. De soltar el control y saber y no ya por experiencia, sino por ciencia infusa y comprender… que fin y principio no solo están unidos sino que son la misma cosa.

La gente que como ella han aceptado la evolución, son grandes expertos en el perdón, en no temer a lo desconocido, en la aceptación de todo aquello que no se comprende, en la fe en los demás y en la vida. Observarla me hace cuestionar la cantidad de oportunidades que las sociedades desarrolladas estamos perdiendo al haber olvidado por completo varios aspectos de nuestra memoria pero también, lo fundamental que esta resulta para nuestra supervivencia. 

Mercedes, la mujer de 87 años está protegida por una estructura lunar y saturnina que hacen posible que sobreviva en un mundo que la respeta pero que, a mi entender, ya no la comprende. Una estructura que por su incapacidad de recordar la obliga a tomar del exterior viviendo, como ella dice: “… de prestado”.  En el modelo social en el que hemos aceptado vivir, su memoria transforma un proceso natural en una condición de vulnerabilidad. Y el carácter pisciano de un adulto en su fase de trascendencia se transforma en una vuelta al origen. Para que nos entendamos, la evolución natural del ser humano se correspondería con un movimiento circular y expansivo, es decir, una espiral en crecimiento que completa ciclos que se van desarrollando en componentes de mayor escala. En el momento en que nosotras perdemos la capacidad de recordar o parte de nuestra memoria, el contexto en el que vivimos tiende a transformar esa espiral en un mero círculo, intentando que nos vallamos, más o menos por donde hemos venido.

Desde el 21 Agosto de 2021 hasta hoy el sol ha hecho un tránsito de aproximadamente 180 grados en la cúpula celeste. O, dicho de otra manera, ha cruzado de una posición a su opuesta complementaria. El primer recorrido podría entenderse de forma muy resumida como la parte más trascendental del ser humano a partir de la cual empiezan a llegarnos pistas para comprender cuestiones que tienen que ver con el desarraigo y la disolución de nuestra identidad. El percurso de la vida con sus gentes y acontecimientos que nos plantean diferentes enigmas, nos invitan a alcanzar lo más elevado. La segunda cuestión es una oposición que marca dos puntos de inflexión fundamentales en el recorrido de la existencia. Virgo-piscis, son dos componentes fundamentales en el principio y fin de las cosas pero, además, son dos signos que el uno para el otro resultan opuestos y complementarios. Esto significa que uno es, inevitablemente por la existencia del otro.

El interés de narrar este tránsito y tal oposición radica en hacer cierto hincapié en todo aquello que supone hacerse cargo de nuestra memoria personal y colectiva para poder plantearnos, cada una de nosotras, una posibilidad de trascendencia digna. Más allá o más acá de la muerte, cada día es un ciclo completo en el que morimos y renacemos y cada día, desde hace unos meses observo como todo a nuestro alrededor parece estar empapado de una energía pisciana con desinterés o falta de capacidad por acceder a una, más o menos reciente, memoria histórica.

Qué está ocurriendo con nuestras capacidades para planificar y estructurar para poder mirar con cierta perspectiva? No vale la pena salirse del torrente y darnos cuenta que los ciclos de transformación de la historia natural se repiten de forma secuencial? Poner límites y disfrutar aquello que es sencillo y fundamental; el juicio y valor de las cosas, las relaciones y acontecimientos. Experimentar la calma que aporta tomar el control y hacer, en base a los fundamentos propios. Aquellos que la experiencia ha cimentado como parte de nuestro carácter. Sentir que algo funciona y lo hará en base al valor que una misma pone en cada una de las operaciones, los detalles y enclaves fijos que seguro no van a moverse.

Siento que toda esta operación de aislamiento ha generado una entrada total en una nueva realidad virtual. Que existe una gran confusión al rededor del “dejar fluir”, el cual se ha transformado en una amalgama empalagosa. Que muchos de nuestros hábitos se transforman en tics de escasa calidad y lo más fascinante que somos ya incapaces de recordar quienes éramos ayer porque las historias ya sólo duran 24 horas.

Mi conclusión es que me gustaría poder ser plenamente como Mercedes y completar cada día un poco más de esa espiral que describe la evolución. Integrar las dos polaridades de esta narrativa sin tener que volver a pasar constantemente por el mismo proceso sintiéndome obligado a tropezar con la misma piedra. Tener la posibilidad de acceder sin límites a cada rincón de la memoria, la mía y la de mis antepasados y dejar de hacer y crear por miedo a desaparecer y ser olvidado.

Sencillamente, marcar el ritmo.